He vendido más de diez mil libros con la puerta que estaba abierta

Cuando terminé el primer libro de la saga no tenía ninguna posibilidad realista de que una editorial grande lo leyera. No había publicado nunca, así que no tenía ventas que enseñar, ni agente, ni nadie que me presentara. Esa puerta estaba cerrada por razones bastante razonables desde el punto de vista de la editorial.

Lo que sí tenía era otra cosa. Sé escribir, sé maquetar, y me puse a aprender cómo funciona Amazon KDP hasta entenderlo bien. Con eso alcanzaba para publicar.

Van más de diez mil ejemplares y sigue siendo número uno en Amazon.

No fue una elección entre dos opciones

Conviene aclararlo porque suele contarse al revés, como si autopublicar hubiera sido una decisión estratégica frente a la editorial tradicional. No hubo tal decisión. Solo había una puerta abierta y la crucé.

Lo cual me parece bastante más útil que la versión «heroica». Porque la pregunta que sirve casi nunca es cuál es el mejor camino en abstracto. Es qué puedo hacer con lo que tengo a mano ahora mismo.

Yo tenía tres cosas. Una historia que quería contar, unas capacidades técnicas que en mi caso venían de haber trabajado siempre con producto y con marca, y una plataforma abierta a cualquiera que se moleste en aprenderla.

Nada de eso era espectacular por separado. Pero todo junto alcanzaba para publicar un libro y ponerlo delante de lectores.

Lo que la puerta abierta permitía hacer

Publicar por tu cuenta tiene una desventaja evidente, que es la ausencia de estructura detrás. También tiene ventajas que solo se ven cuando estás dentro.

Puedes elegir el hueco sin pedirle permiso a nadie. Yo busqué el que veía vacío, preadolescentes que no se reconocen en lo que hay para su edad, y no tuve que convencer a ningún comité de que ese hueco existía. La misma pregunta que hago con las marcas, aplicada a un libro. Dónde hay sitio libre.

Puedes corregir sobre la marcha. Portada, descripción, categorías, precio. Todo modificable en una tarde, viendo qué pasa después. Una editorial tradicional imprime y espera un año.

Y ves los datos de venta directamente, sin intermediarios ni liquidaciones semestrales, lo que convierte cada decisión en algo comprobable en días.

Lo que abrió después

La parte que no esperaba es esta. Publicar por mi cuenta acabó siendo el camino hacia la puerta que estaba cerrada.

Ahora tengo un contrato con Penguin Random House para otro libro distinto. Y llegué ahí precisamente por lo que había hecho antes, porque diez mil ejemplares vendidos y un número uno son una respuesta a la pregunta que la editorial se hacía cuando no me conocía de nada. Si esto interesa a alguien.

Antes yo no tenía forma de contestar a eso. Después, la respuesta estaba en los números.

Esa secuencia se repite en muchos sitios. La puerta cerrada no se abre insistiendo delante de ella.

Se abre entrando por otra y volviendo con algo en la mano.

Cómo se traslada a una empresa

He visto esta situación bastantes veces desde el otro lado. Una empresa quiere entrar en un canal, en una cadena, en un cliente grande, y la respuesta es siempre la misma, que vuelvan cuando tengan más recorrido.

Las opciones no son insistir o rendirse. Hay una tercera, que consiste en preguntarse qué canal sí está disponible ahora mismo, aunque parezca menor, y qué se puede demostrar ahí que sirva luego como argumento en la conversación difícil.

La marca de esmaltes de la que he escrito otras veces hizo esto mismo. No había presupuesto para pelear en perfumería, así que fue a la farmacia, donde sí había sitio. Y los resultados en farmacia acabaron siendo el argumento para todo lo demás.

Las preguntas que yo haría son tres. Qué puerta está abierta hoy, aunque no sea la que quieres. Qué capacidades tienes ya, incluidas las que no consideras profesionales. Y qué prueba necesitarías tener en la mano para que la conversación que ahora no puedes tener se vuelva posible.

Lo que no dice esto

No estoy defendiendo que dé igual el camino, ni que el atajo funcione siempre.

Autopublicar tiene un coste real y hay muchísimos libros autopublicados que no vende nadie.

Lo que digo es más modesto. Que esperar a tener acceso al camino bueno suele significar no empezar nunca, y que el recorrido que sí puedes hacer hoy con lo que ya sabes hacer produce, además de resultados, la prueba que necesitabas para el siguiente paso.

Yo empecé por ahí porque no había otra. Visto en perspectiva, era el orden correcto.


¿Cuál es tu ventaja invisible?

Cuéntame tu situación y te digo en veinte minutos si veo una ventaja que no estés aprovechando.

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Marta Moya Martin | Madrid, España