Cómo se lanza un producto que existe desde hace cien años

Las canicas son un juguete de «toda la vida». Llevan un siglo siendo exactamente lo mismo… una bola de cristal con algo de color dentro. No hay tecnología que añadir, no hay función que mejorar, no hay problema del usuario que resolver mejor que antes.

Es un caso extremo a propósito. Si el método sirve aquí, sirve en casi cualquier sitio.

Dónde estaba el hueco

La pregunta de partida fue la de siempre: ¿qué está pasando aquí que nadie está aprovechando?

Y lo que había era esto. Las canicas se venden sueltas o en bolsas, como material de juego. Se compran una vez, se juega con ellas y se acaba.

Nadie las había tratado como objeto de colección.

Coleccionar cambia por completo el comportamiento de compra. Un juguete se compra una vez. Una colección se compra muchas veces, porque siempre falta algo. Y hay una diferencia más importante todavía: en un juguete, el valor está en el objeto; en una colección, el valor está en el conjunto que aún no tienes.

Así nació Marbleflags: canicas de banderas de países, coleccionables.

Por qué banderas y no otra cosa

Aquí está la parte que más me interesa del caso, porque la decisión no fue estética.

Podían haber sido animales, coches, dinosaurios, personajes. Todo eso funciona como colección. Pero las banderas tienen tres cosas que no tiene ninguna de las demás.

  • Un conjunto cerrado y conocido. Hay un número finito de países y todo el mundo lo sabe. Una colección con final visible se comporta distinto de una colección abierta, ya que el coleccionista sabe cuánto le falta, y eso es un motor.
  • Un contenido que los padres aprueban. Un niño que colecciona banderas aprende geografía sin proponérselo. Eso convierte al adulto que paga de obstáculo en aliado, que es un cambio nada menor en un producto infantil.
  • Y un calendario que no depende de nosotros. Esta es la decisiva. Cada Mundial, Eurocopa, gran competición internacional pone las banderas del planeta en la televisión durante semanas. Nadie ha tenido que crear ese interés ni pagarlo.

Ese tercer punto es lo que en la práctica sustituyó a una campaña de publicidad.

El calendario deportivo hace el trabajo que haría un presupuesto de medios, y lo hace cada dos años, indefinidamente.

Lo que no se hizo

Igual de importante que lo anterior.

No se intentó mejorar la canica. No se buscó un material nuevo, ni un tamaño mejor, ni un acabado superior. Cualquiera de esas cosas habría metido el producto en una comparación técnica con las canicas de siempre (que son baratísimas) y la habría perdido.

Tampoco se compitió por precio. Una canica de colección no compite contra una canica a granel, igual que un cromo no compite contra un trozo de cartón. Son categorías distintas porque se compran por razones distintas.

El patrón

Este caso y el de la cosmética no se parecen en nada. Uno es belleza, el otro es juguete. Uno se vende en farmacia, el otro en tienda de juguetes y online. Uno es para adultos, el otro para niños.

Y sin embargo debajo hay exactamente el mismo movimiento:

Lo que se cambió es con qué se compara el producto.

El esmalte era el mismo esmalte, mirado desde la perfumería en vez de desde la farmacia. La canica es la misma canica, mirada como pieza de colección en vez de como juguete. En ninguno de los dos casos hubo un producto nuevo.

Hubo un marco nuevo.

Cuando cambias el marco, cambia la lista de competidores, cambia el criterio con el que te evalúan y cambia lo que el cliente está dispuesto a pagar. Sin tocar la fábrica.

Qué preguntar en tu caso

Si tienes un producto que parece no tener recorrido (maduro, comparable, en un sector donde todo está inventado) estas son las preguntas que yo haría:

¿Se compra una vez o se puede comprar muchas? Colección, serie, sistema, recambio, temporada. Cambiar la frecuencia de compra cambia el negocio entero sin cambiar el producto.

¿Hay algo que ya pase en el mundo y me pueda empujar? Un calendario, una fecha, un ciclo, una conversación pública que se repita sola. Apoyarse en algo que ya tira es infinitamente más barato que crear demanda desde cero.

¿Quién paga y quién usa? Cuando no son la misma persona, hay dos criterios distintos que satisfacer, y ahí suele haber un hueco que nadie cubre bien.

¿En qué categoría me está metiendo el cliente, y hay otra mejor? La pregunta que lo resume todo.


¿Cuál es tu ventaja invisible?

Cuéntame tu situación y te digo en veinte minutos si veo una ventaja que no estés aprovechando.

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Marta Moya Martin | Madrid, España